jueves, 4 de agosto de 2011

Barroco

El movimiento artístico que conocemos como Barroco es un movimiento de carácter artístico, pero también social y religioso; está fundamentado además en un contexto histórico particular que se corresponde al predominio del Absolutismo en Europa como sistema político.
Surge a continuación y conviviendo con el Manierismo italiano, podemos extenderlo a lo largo del siglo XVII y durante la primera mitad del siglo XVIII.
El Barroco comprende esfuerzos artísticos tan diversos que parece muy difícil reducirlos a un común denominador. El arte de un Bernini y un Rubens describe un mundo interior y exterior distinto del de un Rembrandt.
Una de las vertientes de este movimiento es el Barroco cortesano y católico en una dirección sensual, monumental y decorativa “barroca” en el sentido tradicional y un estilo clasicista más estricto y riguroso de forma. Junto a esta vertiente aparece el Barroco naturalista, cuyo máximo expositor es Caravaggio.
Antes del Barroco se podía decir siempre si la intención artística de una época era naturalista o antinaturalista, pero ahora el arte no tiene carácter unitario en este sentido estricto, y es a un tiempo naturalista y clásico, analítico y sintético. Se ve el florecimiento artístico de direcciones completamente opuestas, Rubens, Caravaggio y Rembrandt, militan en campos completamente diferentes.
Denominar al arte del siglo XVII bajo el nombre de Barroco es moderno, el concepto fue aplicado en el siglo XVIII, con respecto a esos fenómenos del arte que eran sentidos como extravagantes, desmesurados, confusos. Se rechaza al Barroco a causa de su “falta de reglas”, de su capricho, se perciben en él sólo los signos de la falta de lógica.
El cambio de la interpretación y valoración de este arte en el sentido actual, sería inimaginable sin la admisión del impresionismo, ya que rompió totalmente con los cánones académicos. Se da la transformación de la imagen táctil en imagen visual, se abre camino la concepción del mundo como impresión y experiencia. La interpretación y valoración del arte barroco, será realizada por Wolfflin a partir del desarrollo de cinco pares de conceptos que señalan la misma tendencia evolutiva de una concepción artística más estricta a más libre: lineal y pictórico, superficial y profundo, forma cerrada y forma abierta, claridad y falta de claridad, variedad y unidad.
La lucha por lo pictórico, la disolución de la forma plástica y lineal en algo movido, inaprensible y palpitante. Se transforma al ser personalmente rígido en un devenir, rasgo fundamental de esta concepción del Barroco. La tendencia desde la superficie hasta el fondo, representa la dinámica de la vida.
El Barroco emplea medios específicos para hacer sensible la profundidad espacial: primeros planos demasiado grandes y disminución brusca en perspectiva de los planos al fondo. El espectador siente gracias a la elección muy cercana del punto de vista que la espacialidad es una forma de existencia dependiente de él y por él creada.
Se prefiere además una forma abierta y atectónica, mostrando la inclinación hacia lo relativo, en detrimento de lo absoluto. Las representaciones producen un efecto más o menos incompleto e inconexo, parece que pueden continuarse por todas partes y que desbordan de sí. Siempre un lado de la composición es más acentuado que el otro, el espectador recibe visiones, casuales, improvisadas, en lugar de aspectos puros. La intención artística es cinematográfica, los sucesos que se representan parecen haber sido espiados.
A este carácter improvisado corresponde la relativa falta de claridad de la representación, las frecuentes y a veces violentas superposiciones, las diferencias de tamaño en desproporcionada perspectiva, el abandono de las líneas de orientación dadas por los marcos, la discontinuidad de la materia pictórica y el tratamiento desigual de los motivos, son medios de dificultar la abarcabilidad de la representación.
Tiene el artista el afán de despertar en el espectador el sentimiento de inagotabilidad, infinitud de la representación, una tendencia que domina en todo el arte barroco. Frente al arte clásico, se exterioriza un impulso hacia lo suelto, lo ilimitado, lo caprichoso. Se expresa una acrecida voluntad de síntesis y subordinación, en este sentido es continuador del Renacimiento y no su antítesis.
La unidad del arte en el Renacimiento era simplemente una coherencia lógica, y la totalidad de sus representaciones era nada más que un agregado de pormenores en la que aún se reconocían los distintos componentes. Esta relativa autonomía de las partes desaparece en el Barroco. En Rubens o Rembrandt ningún detalle tiene sentido por sí solo.
Las composiciones de los maestros barrocos son más ricas y complicadas que las de los maestros renacentistas, pero son al mismo tiempo más unitarias, más ininterrumpidas. Su unidad no es un resultado final, sino una condición previa de la creación artística. La composición pictórica resulta muchas veces dominada por una única diagonal, o una mancha de color, por una única curva.   
En arquitectura se prefieren las ordenaciones colosales y donde el Renacimiento separaba cada piso con organización horizontal, se esfuerza por subordinar los pormenores a la conformación de los motivos principales, y en dirigir el vértice de la representación a lograr un efecto único.
Acudimos al fortalecimiento de una nueva visión del mundo, basada en la ciencia natural, que parte del descubrimiento copernicano. Tan pronto como la Tierra dejó de juzgarse el centro del universo, el hombre no podía ya significar el sentido y la finalidad de la creación, pero además implicaba que el universo no tenía ningún centro y que estaba constituido por muchas partes iguales de igual valor. Según esto, el universo es infinito y sin embargo unitario, un mecanismo ordenado y en buen funcionamiento.
El hombre se convirtió en un factor pequeño, pero al mismo tiempo adquirió conciencia de comprender el universo y eso le dio confianza y orgullo. El arte barroco está lleno de estremecimientos, del eco de espacios infinitos, la obra de arte pasa a ser en su totalidad como un organismo unitario y vivificado en todas sus partes, símbolo del universo.
Las bruscas diagonales, los escorzos de momentánea perspectiva, los efectos de luz forzados: todo expresa un impulso hacia lo ilimitado. Cada línea lleva la mirada a la lejanía, cada forma parece querer superarse a sí misma, cada motivo está en tensión. Este sin duda es un rasgo unificador que Hauser cuestiona si es suficiente para hablar de unidad en el Barroco.
El Barroco de las cortes católicas
El Manierismo frío, complicado e intelectualista cede el paso a un estilo sensual, sentimental, accesible a la comprensión de todos. El naturalismo de Caravaggio y el emocionalismo de los Carracci, representan dos direcciones. Caravaggio es un bohemio, enemigo de la cultura, alejado de toda especulación y toda teoría. Los Carracci transforman el simbolismo difícil y complicado del Manierismo en alegoría sencilla y firme de la que surge la evolución de la imagen devota con sus figuras y fórmulas fijadas. A partir de este movimiento, el arte sagrado se diferencia definitivamente del profano.
Se fija y esquematiza la iconografía del arte católico: la anunciación, el nacimiento de Cristo, el bautismo, la ascensión, la cruz a cuestas, encuentro con la samaritana, y otras escenas bíblicas. Adquieren forma que aún hoy es la establecida para la imagen devota. El arte eclesiástico está cada vez más determinado por el culto que por la fe inmediata, la Iglesia quiere que las obras de arte expresen la fe ortodoxa de manera inequívoca, libre de interpretaciones al igual que los escritos de los teólogos.
Caravaggio tuvo un fuerte influjo sobre los artistas de su siglo. Su naturalismo atrevido, crudo, no podía a la larga corresponder al gusto de sus clientes eclesiásticos, que no estaban en condiciones de comprender la profunda piedad del maestro, que se expresaba en un lenguaje realmente popular.
Si Caravaggio es realmente el primer maestro de la Edad Moderna que es postergado a causa de su valor artístico, el Barroco significa un importante cambio en la relación entre arte y público. La Curia buscaba crear para propaganda el “arte popular”, pero limitando su carácter a la sencillez de ideas y formas, evitando la expresión plebeya. El interés de la Iglesia no es la mundanización del arte, sino la expansión de la fe.
La Iglesia abandona la lucha frente a las exigencias de la realidad histórica, y procura acomodarse a ella lo más posible; en casi todos lados se convierte en iglesia nacional. Roma como capital católica, comienza aquí un período de la más rica y fastuosa producción artística. Los Papas no sólo construyen iglesias, sino también palacios y villas. El catolicismo se hace cada vez más protocolario y cortesano. Bajo el papado de Urbano VIII (Papa Barberini), Roma se convirtió en la ciudad barroca por excelencia. Hacia 1620 el arte romano es internacional, asimila todas las fuerzas existentes en un estilo europeo.
Caravaggio y los Carracci son superados en la evolución artística por Bernini y Rubens, que son los nombres que adquieren vigencia. Con el retroceso de la influencia de la Curia y el empobrecimiento de Roma, el centro del arte se desplaza desde Italia al país donde encontramos el tipo más progresivo de Estado de la Época: la monarquía absoluta. Tal es el caso de Francia.
La aristocracia, sobre todo de sangre, debe reivindicarse frente a la compra de títulos y a la aristocratización de la burguesía. Esto lleva al resurgimiento del ideal caballeresco-romántico. Heroísmo, fidelidad, generosidad y cortesía son las cualidades que debe tener un noble. Puede observarse la irrealidad de la vida en la corte, como un juego de sociedad, un teatro escenificado.
La vida de la corte evoluciona desde una relativa libertad a una estricta reglamentación, el noble arrogante se convierte en un cortesano domesticado.
Los Salones pierden su vigencia como foros de arte, la corte se convierte en consulta inapelable, de allí obtiene el arte sus orientaciones, su financiación. La corte francesa alcanza validez internacional para sus costumbres, su moda y su arte.
El siglo se divide en mitades antes y después de Luis XIV, son dos fases estilísticas perfectamente separables. Antes de 1661, todavía había una tendencia relativamente liberal en la vida artística, porque los artistas aún no vivían bajo tutela estatal. A partir de 1661 no sólo se da un imperialismo político sino también intelectual. Arte y literatura pierden su conexión con la realidad, en todas partes se quiere ver e mundo arbitrariamente construido y conservado por la fuerza, por ende se excomulga al naturalismo.
Se trata de la absoluta primacía de la concepción política frente a las demás creaciones espirituales, que tiene además como característica tendencia anti-individualista derivada de la idea absoluta del Estado. Se exige del arte validez general, un lenguaje formal que no tenga nada de arbitrario, raro y peculiar, y corresponda a los ideales del clasicismo como estilo menos misterioso, más claro y racional. El arte debe tener carácter unitario, como el Estado, causar efecto, ser claro y correcto, como un reglamento.
La esencia de la forma clásica es la disciplina, la limitación el principio de concentración e integración. En este sentido el Barroco significó la disolución definitiva de la cultura medieval, luego de que con el Manierismo se intentara por última vez renovarla.
Todas las leyes y reglas de la estética clasicista parecen un código penal, corresponden entonces a las fuerzas policíacas: la Academia.  En 1664 Colbert se convierte en el ministro de Bellas Artes, convirtió a la Academia Real de Pintura y Escultura en una institución estatal, burocrática y con una presidencia autoritaria. La Academia regula los puestos oficiales, los encargos públicos y los títulos, posee el monopolio de la enseñanza y puede vigilar el desarrollo del artista desde sus primeros años, concede premios y reconocimientos, además de ella depende la concesión de permiso para hacer exposiciones o concursos.
El Estado organiza la producción del arte, el Rey se convierte en el principal comprador. Todas las formas artísticas disponibles son absorbidas por la actividad arquitectónica del Rey.
En 1662 Colbert adquiere la manufactura de Los Gobelinos, para el trabajo común de arquitectos, decoradores, pintores, escultores, tapiceros, tejedores, sederos, etc. Todo lo que sale de la real manufactura es técnicamente perfecto e intachable en el gusto. Aquí el fuerte son las artes menores. En Los Gobelinos el arte de Versalles adquiere su figura y esencia. Le Brun era el directos de los talleres, quien durante 20 años fue el dictador artístico de Francia. Para Hauser Le Brun es el creador del academicismo.
En 1664 se introdujo en la Academia la celebración de conferencias, allí se analizaba la obra de un artista criticándola. Resultó así un canon de valores artísticos que fue precisamente formulado. Los más importantes elementos de la teoría artística académica: tesis de la corrección de la naturaleza por el arte, primacía del dibujo sobre el color, constitución del canon de belleza académico (clásico). A partir de aquí aparece la distinción entre arte oficial y para el público.
El Barroco es una lucha entre factores conservadores y progresistas, los privilegios están del lado del arte oficial conservador. La oposición entre el arte académico y otro no oficial y libre, le da al Barroco su carácter moderno. Antítesis entre la tendencia clásica y lineal y la sensualista y pictórica. Este duelo termina con la decisión final por el color, que significaba tomar postura contra el espíritu del Absolutismo. Este nuevo sensualismo nos lleva  Watteau.    
Barroco protestante y burgués
La contraposición entre la burguesía media, más sencilla y más estrecha en sus opiniones religiosas y los círculos orientados hacia el clasicismo humanista corresponde en Holanda al antagonismo de puritanos y caballeros en Inglaterra.
Se da un proceso aristocratizante que se ve en el rechazo a Rembrandt para las pinturas del Ayuntamiento en Ámsterdam. El gusto de la mediana y pequeña burguesía que formaba la parte mayor de la clientela de arte no estaba muy desarrollado. Se orientaban según las preferencias de círculos más elevados. A desaparición de los gremios, la liberalización del arte, generó a artistas como Rembrandt y Vermeer dificultades materiales. La consideración escasa que se daba a los artistas llevó a que quienes se dedicaran al arte provinieran de estratos medios y bajos de la burguesía.
Rubens es en este sentido una excepción, era hijo de un alto funcionario del Estado y se vinculó siempre a la corte. Ganó una excelente posición social y dominó la vida artística de su país, esto lo logró aplicando criterios burgueses: métodos de trabajo manufactureros, selección de colaboradores, empleo de los mismos en forma racional. Con razón se subraya que el método de trabajar de Rubens fue posible por la interpretación clásica del proceso de creación artística, es decir que se tenía por supuesto que el valor artístico del cuadro ya estaba en el cartón y de que la transposición del pensamiento pictórico a la forma definitiva es secundaria. Gracias a esta concepción, en el período en que tiene que trabajar con el máximo de sus capacidades debe abandonar la ejecución de obras a sus ayudantes.  

Síntesis realizada a partir de Hauser, Historia Social de la Literatura y el Arte

martes, 26 de julio de 2011

Manierismo

Después de la Reforma, todos incluyendo a los católicos, tomaron conciencia de la corrupción de la Iglesia. Se tomó conciencia de la inferioridad y falta de compromiso, perdidos en la fe cristiana.
El deseo de interiorización y profundización de la vida religiosa fue más fuerte en Roma. Allí se desarrollaron numerosos círculos humanísticos, a los que perteneció Miguel Ángel. Estos círculos se concentraban en cuestiones religiosas, la evolución religiosa que experimentó el propio Miguel Ángel es típica de la época de transición entre Renacimiento y Contrarreforma.
La profundización de la religiosidad de Miguel Ángel fue un proceso, ya pueden descubrirse signos de cambio en las tumbas de los Medicis y en las pechinas de la Bóveda de la Capilla Sixtina, allí aparecen signos de una concepción artística manierista, turbada en su sentimiento de armonía. 
El Juicio Final (1534-1541) es una de las obras más emblemáticas del Manierismo, allí el nuevo espíritu domina ya sin limitación alguna; no busca ser un monumento de belleza y perfección, sino una imagen de la confusión y la desesperación. Ha desaparecido entonces la armonía espacial del Renacimiento, el espacio que se ve es irreal, discontinuo, no se ve unitariamente, ni se construye un patrón unitario. 
Un signo visible de esto que señalamos, es que las figuras superiores del conunto no se reducen en tamaño, esta obra es la primera que podemos calificar de "no bella" y apunta a las obras de arte de la Edad Media, que son más expresivas que hermosas. 
Por sobre lo que se pueda concluir, ésta no es una obra irresponsable, sino que según Hauser está realizada por el artista más prestigioso de la cristiandad, que además iba a decorar el sitio más importante del mundo cristiano. 

Frescos de la capilla Paolina: Conversión de San Pablo y Crucifixión de San Pedro (1542-1549). Aquí ya no se ve nada del orden armonioso del Renacimiento. Las zonas de espacios vacíos alternan con otras excesivamente cargadas. La unidad óptica, la coherencia del espacio han desaparecido. La profundidad espacial no está construida gradualmente, aparece como abrupta. no se relacionan más figura y espacio, hombre y mundo. Quienes actúan pierden su carácter individual, se confunden los signos de la edad, el sexo, todo tiende al esquematismo, a la generalidad.


La Pietá en el Duomo de Florencia (1550-1555) y la Pietá Rondanini (1556-1564) son la última producción artística de la vida de Miguel Ángel, y muestran claramente su evolución artística hacia estéticas manieristas. En la Pietá Rondanini el cuerpo renuncia a la lucha por su propio valor, la escultura es la transición entre una obra de arte y una confesión estática.

El Concilio de Trento tomó con objetividad las medidas adecuadas para adaptar las organizaciones de la Iglesia a exigencias de la vida moderna. Quienes dirigieron el concilio buscaron establecer cuál era la ortodoxia, diferenciándola de la herejía. Al tener que competir con al Reforma, la opción más razonable era acentuar las diferencias, antes que reducirlas. 
La producción artística de la Iglesia se puso bajo la dirección de teólogos, los artistas tenían que atenerse a las condiciones de sus "consejeros espitiruales".
Existen muchos reproches que se le hacen al Juicio Final, por ejemplo los desnudos, el Cristo sin barba, la presencia de la barca de Cronte, los gestos de los santos, la disposición de los ángeles del Apocalípsis que están juntos y deberían estar en los cuatro ángulos del conjunto. Las decisiones del Concilio de Trento incluyen la prohibición de la representación de desnudos y la exhibición de "representaciones exitantes", inconvenientes en los lugares sagrados. Para representar a una figura desnuda es necesario pintarle un "paño de pureza".
Esto implicó un trato especial a la obra de Miguel Ángel, en 1559 se encargan de revestir las figuras desnudas del fresco con dicho paño. En 1566 el Papa Pío V hace desaparecer otros fragmentos por considerarlos indecentes.

El Manierismo reúne en sí las mayores antítesis, el sentimiento más espontáneo con la afectación, representaciones más castas con las formas más desenfrenadas de arte.
La Contrarreforma quería servirse del arte como arma contra las doctrinas de la herejía. A pesar de que está más cerca del Manierismo cronológicamente, es el Barroco el que refleja mejor sus necesidades. El programa artístico de la Contra fue realizado por el Barroco, que fue un arte mucho más popular que el manierista.
En el siglo XVI un artista puede ser rico o independiente como el caso de Miguel Ángel, o tener aficionados importantes como Parmigianino o estar dispuesto a aceptar fracaso tras fracaso, llevando una existencia traumática como Pontormo. Es en este período en que se da una crisis espiritual, que empujó a los artistas hacia una orientación nueva sobre su imagen del mundo, estaban divididos entre la iposición y la libertad, se encontraban además indefensos frente al caos que amenazaba al mundo espiritual. A partir de este momento Hauser observa que no es raro encontrar al artista, extraño, excéntrico inclusive psicópata. Señala en este sentido algunos ejemplos: Parmigianino se entrega a la alquimia en el último tiempo de su vida, Pontormo sufre fuertes depresiones, Rosso termina en el suicidio, y Greco pasa encerrado. 

En la teoría del arte ocurre un cambio que tiene que ver con la crisis intelectual del momento. Frente al naturalismo renacentista, el Manierismo plantea en relación con el arte la cuestión de la teoría del concocimiento. Se ve como un problema la relación del arte con la naturaleza. El Manierismo abandona la idea de que la forma artística está prefigurada en el objeto, consideran que el arte tiene la capacidad de crear al igual que la naturaleza, el arte entonces tiene un origen espitirual espontáneo, es la manifestación de lo divimo en el alma del artista. El espítiru humano en el Renacimiento había tomado conciencia de su capacidad creadora y la derivación divina de su espontaneidad es útil para su suprema justificación en los manieristas. 

En este período se da un cambio en la idea de Academia, ya que su origen primero era liberal, servía a los artistas como medio de emancipación del gremio. Además de esto tenían la finalidad de la enseñanza, y en este sentido evolucionaron en otra forma de gremio.
Contrarreforma, autoridad, academicismo y Manierismo forman distintos aspectos de un mismo espíritu; por esto Hauser señala que Giorgio Vasari, el primer manierista conciente desde su punto de vista es quien funda la primer Academia regular. Se constituyeron como instituciones perfectamente organizadas, y la educación que presuponían en los artistas se convirtió en un criterio de distinción social. Para los academicistas, todo pintor reconocido es un profesor del diseño. 

Síntesis realizada a partir de Historia Social de la Literatura y el Arte de Arnold Hauser